Lugares sin alma

Lugares prefabricados, lugares por catálogo, lugares que a pesar de adoptar tantos significados significan cada vez menos. Esos son los lugares sin alma, asépticos, impolutos, repetitivos y aburridos que se han creado por “seguir las tendencias” (propias de Pinterest).
Pasado = colectividad
Hasta hace unos años era común que las personas tuvieran momentos de comunión y vinculación en diferentes tipos de espacios. Entre ellos, las cafeterías eran, por más, los preferidos. Como diría el gran filósofo mexicano, Armandito Manzanero, “Y es que un café une a las almas y a la gente”.
Otros espacios que permitían estos momentos de comunión eran los restaurantes y bares, mismos que también han visto aparecer diseños “fabricados en masa”.
Quizá, algo que sumaba más al encanto de la comida y de compartir un instante con alguien importante era la variedad estética. Sea cual fuera el sitio, el disfrute era mayor porque se ofrecían experiencias sensoriales distintas entre sí y un concpeto. La variedad satisface, sin ella, regularmente, la magia se desvanece.
Aire en el espacio o, mejor dicho, espacios fofos
Este tipo de fenómenos no es para nada nuevo. De hecho, es posible rastrear sus inicios en el diseño de interiores hasta mediados del siglo XX, en un fenómeno llamado AirSpace.
Este AirSpace conglomera la repetición hasta el cansancio de los típicos clichés en diseño. Basta entrar a Pinterest, buscar un poco “de inspiración” para darse cuenta de que todo, o al menos casi todo, luce exactamente igual. El caso paradigmático de esto fue lo repetitivo de los diseños de Airbnb.

El periodista Kyle Chayka ha dicho sobre esto que: “No es casualidad que estos lugares se parezcan. Aunque no son parte de una cadena […], tienen una forma de imitar el mismo estilo hipster obsesionado con un sentido superficial”.
Este cambio también afecta el cómo las personas se relacionan con los lugares. Estos dejaron de representar espacios de desconexión digital y encuentro. Ahora son lugares arquetípicos que echan mano de lucir instragrameables o tiktokeables como medida de su éxito.
De hecho, esto representa el punto principal de crítica y descontento por parte de las personas que los visitan. La mayoría de estos lugares emplea su diseño para “aparentar” ser parte de las grandes cadenas exitosas para encubrir sabores horribles y menús poco creativos.

Así, podemos ver en estos AirSpaces hasta qué punto nuestra vida digital ha influido ya en nuestra día a día lejos de las pantallas. A medida que este estilo se globaliza, la diversidad y sensibilidad estética disminuye, creando una especie de gentrificación espacial a nivel mundial.
Más cerca del No lugar
Todos estos tipos de lugares genéricos están convirtiéndose en aquello que el antropólogo francés, Marc Augé, denominó como No lugares. Es decir, espacios que son sólo de tránsito, que están expresamente diseñados para no permanecer y que impliquen para las personas momentos efímeros y sin esencia.

Es curioso y hasta contradictorio cómo lugares que hasta hace no mucho tiempo tenían una finalidad particular, la han ido dejando de lado para sólo repetir maquinalmente los clichés hiperconsumistas, dando como resultado espacios sin alma, que quizá, buscan ser ideales para una audiencia totalmente homogénea y aséptica.
Restaurantes: comer en lugares sin alma
En cuanto a los restaurantes, el fenómeno es aún más preocupante. Lo que solía ser una experiencia completa, donde el diseño del espacio complementaba la oferta gastronómica, se ha convertido en una especie de copia masiva.
Paredes minimalistas, tonos neutros, mosaicos monocromáticos y menús aesthetic son algunos de los elementos que se repiten sin cesar en los lugares sin alma. Ni qué decir de todos los locales cuyo diseño fue influenciado por Tacos Orinoco. Este diseño, más que invitar a una experiencia culinaria única, busca estandarizar la experiencia bajo una apariencia trendy pero sin sustancia.

Los restaurantes antes destacaban por ofrecer una atmósfera única que reflejaba tanto la identidad del lugar como la propuesta del chef. Ahora parecen tener una plantilla predeterminada que se repite en diferentes partes del mundo.
Ya no se trata de ofrecer una experiencia sensorial en la que se involucren todos los sentidos, sino de presentar una estética que cumpla con lo que se espera de un restaurante moderno: simpleza, líneas limpias y decoración “pura”.

La falta de identidad se traduce en menús poco innovadores, donde el plato «más instagrameable» es la estrella, aunque no sea necesariamente el mejor. Así, la magia del comer fuera, de descubrir nuevos sabores en ambientes acogedores, queda reemplazada por una experiencia estándar, aséptica y sin alma.
Bares: entre luces de neón y experiencias vacías
Los bares también han caído en esta tendencia de homogeneización visual. Muchos han adoptado una estética que se repite hasta el cansancio. Luces de neón con frases irreverentes, mobiliario vintage que parece sacado de una tienda de antigüedades, y paredes intencionalmente desgastadas para dar una sensación de autenticidad forzada.
En lugar de brindar ambientes auténticos y únicos, estos lugares ofrecen la misma atmósfera industrial y despersonalizada.

De esta manera, lo que antes distinguía a un bar: su ambiente acogedor o su propuesta única de tragos, ahora queda relegado a un intento de cumplir con lo que el mercado demanda: una estética visualmente atractiva para las redes sociales.
Cafeterías: el templo “instagrameable” del avocado toast
Lo que antes era un lugar para el diálogo profundo o momentos de introspección personal, se ha reducido a diseños interiores cuidados para redes sociales.

Las cafeterías, como lugares sin alma parecen cumplir con una fórmula: paredes de ladrillo o muros en tonalidades blancas y grises, bombillas colgantes de luz cálida y mobiliario industrial.
Se han transformado en vitrinas donde lo importante no es la experiencia sensorial, sino qué tan bien se ve en una foto. Y, por supuesto, ya no discutamos la esencia característica del sabor de los productos, ¿verdad Pumpkin Spice Latte?
En el intento de hacer que todo luzca moderno y minimalista, se ha perdido la individualidad y personalidad que antes distinguía a cada local. Ahora, en cualquier ciudad del mundo se pueden encontrar lugares sin alma.
Aunque “atractivos” a primera vista, no generan memorias. La conexión humana queda en segundo plano, y en su lugar, la experiencia se reduce a una pose. Ya no se trata de disfrutar, sino de capturar el momento «perfecto» en un espacio diseñado no para ser vivido, sino para ser admirado superficialmente.
Asepticismo actual
Cada vez son más los testimonios que afirman que estos espacios que antaño representaban un lugar para la conexión entre personas hoy son artificiales y sin alma.
Piénsalo un momento: iluminación a media luz, muros fríos con tonos entre grises y blancos, en el caso de los restaurantes el uso de mosaicos monocromáticos, mobiliario aesthetic que juega con los contrastes entre la madera y el hierro, uno que otro nómada digital y eso sí, la infaltable avocado toast. Así es como podríamos resumir el cómo es que se ven estos sitios hoy en día.